1.11.11

Crónica de un huevazo anunciado o La historia de porqué hay un mini drácula trapeando la entrada de mi casa...


Cada año en la privada en donde vivo se organiza el trick or treat. La historia ya la conocen; gritos, niños corriendo despavoridos, caras maquilladas con sangre (el lipstick rojo de mamá), timbran, les das dulces, te ven con cara de desaprobación porque a tus 23 años no sabes cuales son los dulces de moda y te empeñas en seguir comprando bocadines y tutsi pops. Ya saben, el mismo rollo de siempre. Sin embargo algo diferente pasó este año.

Llegué a mi casa media hora después de que el trick or treat había comenzado, lo cual me tenía sin cuidado porque normalmente la tortura dura como una hora y media (que se siente como una infinidad cuando el timbre de tu casa suena 800 veces por segundo).
Al entrar a la privada vi que ya no había niños en la calle -sospechoso- me dije a mi misma, pero sin darle mayor importancia manejé hasta la puerta de mi casa en donde OH sorpresa me encontré con un viscoso huevazo chorreando de la pared y un muffin con extra betún embarrado en el piso, -pequeños retoños- pensé, si querían un susto de halloween lo acaban de conseguir, y en un arranque de indignación comencé mi cacería.

Primero me topé con un grupo de 4 niños a los que me gané con el perturbador chantaje de: "Tengo muchos dulces... si vienen y me dicen quién fue el terrorista que atacó mi casa se los regalo todos, TO-DOS".  Y díganme ustedes señoras y señores ¿qué en este mundo resulta más tentador para unos niños de 9 años que la promesa de un tesoro de azúcar y colorantes artificiales?  NADA, al menos no en Halloween.

En fin, después de que mi escuadrón de pequeños devoradores de dulces me confesara con lujo de detalle el nombre, apellido, ubicación, complexión, escuela,  y tipo de sangre de los atacantes, me dispuse a terminar con el teatrito de una vez por todas.

Con la información invaluable que mis secuaces me habían proporcionado y después de haber saldado mi deuda con ellos, llegué con la furia de un huracán a la casa en donde se encontraban los sospechosos. Hablé con los papás, los papás con los hijos, los hijos confesaron su crimen y en fin, para no hacerles más largo el cuento mientras escribo estas líneas tengo frente a mí a pequeños y asustados dráculas, zombies y calaveras con trapeador, esponja y detergente en mano tallando el piso y la pared de mi casa como si su vida dependiera de ello.   MUAJAJAJAJAJAJA

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Imagen vía Google

2 comentarios:

  1. Anónimo1.11.11

    hahahahaha, excelente historia! me encanto como la redactaste, me la imagine perfectamente! :)
    happy Halloween!

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  2. Lucia Quijano1.11.11

    HILARIOUS.

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